¿Quién era
Laureano Ballester?

¿Dónde se encuentra la avenida de Les Neveres?

¿Desde cuándo existe
una calle titulada
Tirant lo Blanc?

¿Dónde estuvieron
situados edificios tan emblemáticos como
La Fonda, L'Hospitalet
o Els Trinquets?

¿Existieron en Banyeres
de Mariola las calles: Rellotge, Moll, Cuesta de
la Cueva del Potro, Plaça
de Baix...
?

472 páginas con más
de 380 fotografías.

 

 

 

 

 

 

Banyeres de Mariola
1999

Francisco Javier Mira Calatayud
por D. Enrique Cerdán Tato,
Cronista Oficial de Alicante.

   Con el callejero en la mano se desvelan pausadamente los pliegos de la historia: la peripecia singular, la advocación de una ermita o de un templo, las transformaciones sociales y económicas, el desarrollo mercantil e industrial, los acontecimientos de relevancia política y militar, los episodios más próximos y domésticos, la toponimia de un paraje; con el callejero en la mano se desempolvan muchos recuerdos, y se accede a una generosa y fulgurante información; con el callejero en la mano se revista el tránsito de la dependencia agraria a las relaciones de producción que impone el capital, y a los espacios urbanos, aún con la entrañable evocación y el breve escenario consagrado a la naturaleza; con el callejero en la mano, en fin, adquirimos y maduramos un conocimiento de nuestra propia ciudad o villa, de sus zozobras, de su progreso, y también contribuye a esclarecer la conciencia de los comportamientos y circunstancias que determinan ese proceso lento y sinuoso, dialécticamente empedrado de contradicciones, del "pensamiento urbanístico". El callejero es un instrumento eficaz y provechoso para estimular la memoria de una identidad colectiva. De todo lo cual, se desprende la paciencia y el rigor que se exigen en las investigaciones previas a la redacción de un callejero comentado en base a la solvencia de la documentación y de la tradición popular. Porque, en definitiva, no se trata tan solo de un nomenclátor urbano, de un listado de nombres más o menos conocidos, sino del cuándo y del porqué esos nombres rotularon una plaza, un angosto y umbrío pasaje o una espléndida avenida, de quiénes asumieron la decisión, y en virtud de qué razones. Detrás de tan laborioso ejercicio, se advierte de inmediato el estudio de la demografía, de las migraciones, de la planificación del suelo, de la historia, de los movimientos sociales, de los cambios políticos, del tráfico motorizado, de la actividad comercial, de los censos, de las actas de los plenos municipales y de los diversos archivos, donde se resuelven, con la mayor garantía posible, tantas y tan variadas y abundantes consultas.
   Francisco Javier Mira Calatayud no ha regateado ni su esfuerzo ni su tiempo, para ofrecernos una pormenorizada descripción de "LAS CALLES DE BANYERES DE MARIOLA: sus nombres y su historia". Él mismo, en la nota de autor que abre la obra, nos confiesa que le impulsó a realizar este exhaustivo trabajo "la inquietud y la curiosidad que siempre he sentido por conocer algo más del pasado histórico de Banyeres de Mariola y también por la inexistencia de cualquier otra nomenclatura de su viario urbano. Lamentablemente, la carencia que tan certeramente denuncia es tan sensible como notoria, tan censurable como penosa, en numerosas localidades de nuestro país. De entrada ya, Francisco Javier Mira ha solventado esa precariedad bibliográfica dotando a la historiografía local de un texto que, a partir de ahora, será imprescindible para cuantos se interesen por el desarrollo humano y urbano, económico y social, cultural y docente de Banyeres de Mariola, de sus orígenes más remotos, de sus monumentos, de sus yacimientos arqueológicos, de sus vías de comunicación y, por supuesto, de su evolución histórica.
   El autor ha estructurado su obra con tan atinado criterio que antes de introducirnos en el callejero, despliega un abanico de datos que comprende desde los aspectos puramente físicos, geológicos, geográficos y climáticos, hasta los históricos, urbanísticos y económicos, es decir desde el medio natural hasta la actividad social. De forma que el lector, a través de unas breves pero sustanciosas páginas, se sitúa en condiciones de recorrer sosegadamente las 127 calles de Banyeres de Mariola y de conocer cada una de ellas, sus peripecias y anécdotas, y, en muchos casos, sus frecuentes cambios de denominación, y significativamente su recuperación en valenciano: así Mayor en Major, Calvario en Calvari, San Jaime en Sant Jaume, Castillo en Castell, etc. Especial y justificado énfasis, se advierte en aquellas calles que rotulaba el pueblo, sin trámites ni papeleo, sino atendiendo a la tradición, a "algún elemento característico existente en la misma -nos informa Francisco Javier Mira-, cualquier hecho histórico acontecido, el nombre de alguna persona destacada que en ella tuviera casa... Mas tarde, las autoridades modificaban los rótulos, pero algunas veces el vecindario no llegaba a asimilarlos completamente, lo cual hacía que coexistieran los dos topónimos". Y qué nombres -renovados, por fortuna, algunos; otros, no- tan fragantes y descriptivos: Rellotge, Creu, camí dels Molins, Plàtans.
   Francisco Javier Mira Calatayud ejerce una profesión que pocas o ninguna concomitancia tiene con la historia. Y sin embargo, con esta obra, con este estudio, con "Las calles de Banyeres de Mariola: sus nombres y su historia", nos deja un libro de consulta, una crónica local, escrita con amenidad y soltura, que es la excelente resultante de una investigación minuciosa y concienzuda, donde todo el apasionamiento no empaña ni el rigor ni la disciplina que informan este trabajo.

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